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Lo insólito. Lo divertido. Lo freaky.

Quizás la forma más freaky del fundamentalismo protestante en EEUU son los “snake handlers,” los que tocan y manosean serpientes venenosos durante sus servicios religiosos para demostrar su fé cristiana. Interpretan dos versos de la Biblia, que dicen que las animales peligrosos no hacen daño a los creyentes de verdad, literalmente.

El “snake handling” empezó alrededor del año 1920 en las zonas más aisladas del sureste de Estados Unidos, en los estados de Kentucky, Tennessee, y Alabama. Hay unas cuarenta iglesias, todas pequeñas, que todavía lo practican. Muchos snake handlers han sido mordidos varias veces, y tres, como mínimo, han muerto en los últimos diez años; el principal defensor de la práctica murió en 1955 a causa de una mordedura. Además, los snake handlers frecuentemente beben agua mezclada con arsénico o estricnina.

 

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Daryl Zutt, de Cairns (Australia), volvía a casa después de haber salido de caza en una área remota en el norte del estado de Queensland cuando paró al lado de la carretera para hacer sus necesidades. Se agachó, y de repente una serpiente venenosa marrón le pegó un mordisco en el pene.

“Pensé que la había palmado, que iba a estirar la pata,” dijo Zutt (derecha). “Me agaché, y casi me senté encima de la cabeza de la serpiente. Me mordió en la parte más sensible. Cuando sentí el dolor, empecé a chillar, y la vi salir de entre mis piernas.”

Afortunadamente, Zutt tenía una lata de ron, que utilizó para calmar el dolor mientras sus amigos lo llevaban al hospital. Los médicos lo examinaron, y determinaron que Zutt no había sido envenenado.

Ahora Zutt recuerda el incidente con humor. “Seguro que la serpiente me mordió allí porque se asustó al ver algo tan grande,” dijo con una carcajada.

(cairns.co.au)

El sapo de caña es un anfíbio nativo de Centroamérica y Sudamérica y, según Wikipedia, “tiene grandes glándulas venenosas, y adultos y renacuajos al ser ingeridos son altamente tóxicos para la mayoría de animales.” Estos bichos son enormes: el más grande registrado pesaba casi tres kilos, y totalmente extendido medía más de medio metro. Su veneno ingerido puede matar a un animal de 150 kilos en pocos minutos. Algún genio los introdujo en Australia en 1935 para combatir las plagas de la caña de azúcar, y pronto llegaron a ser un remedio peor que el problema original.

Hoy en día se rumorea que algunos descerebrados lamen las glándulas venenosas del sapo (Bufo marinus) para colocarse, una práctica que no recomendamos los freaks.

La semana pasada en Darwin (Australia), una perra llamada Bella se comió un sapo de estos, y su dueño, el jugador de rugby Jackson Crews, pensó que la pobre se moriría rápidamente. Pero el señor Crews llevó a su perrita directamente al veterinario, quien le dio una inyección para hacerla vomitar. Bella echó el sapo, entero y vivo, al suelo.

La perrita se recuperó rápidamente, y no ha sufrido consecuencias. Dijo Crews, “Menos mal que es tan glotona, porque se tragó el sapo entero. De no haber sido así, se habría muerto seguramente.”

Los veterinarios han adoptado al sapo (izquierda), al cual han bautizado Vomitado.

(news.com.au)

No tenemos ni idea de lo que estaba haciendo Wiroj Banlen, de 40 años y de Ayutthaya (Tailandia), encontrado sin vida, sin pantalones, con un condón puesto, con escamas de serpiente en la boca, y con una cobra muerta en sus manos. Y no lo queremos saber tampoco. Banlen tenía varios mordiscos de la cobra en la cara y en la pierna derecha, y la cobra también se mordió a sí misma varias veces, causando la muerte a los dos.

(The Nation)