Los turistas británicos llaman a Ibiza “la isla que nunca duerme.” Es cierto, y en gran parte es culpa suya. Beben y se drogan toda la noche en las discotecas, y duermen en la playa durante el día, convertíendose en langostinos. (Nota del editor–vaya, vaya, este par de fumetas perezosos criticando a los demás).
Pero si eres una chica “chav,” una marchosa hortera y borracha, estar en la disco empastillada hasta las orejas tiene efectos desastrosos en tu cara. Pareces, bueno, una chica resacosa que lo han pasado demasiado bien. Pero tienen la solución al problema: Botox.
Las turistas inglesas atacan de nuevo. El miércoles pasado, dos mujeres forzaron que la tripulación de un vuelo entre Kos (Grecia) y Manchester (Reino Unido) hicieran un aterrizaje especial en Alemania para sacarlas del avión. Las inglesas estaban ebrias, y las azafatas se negaron a servirlas más alcohol; ya habían conseguido embarcar ilegalmente con botellas de licor escondidas, y estaban fumando en los lavabos también. Cuando sus peticiones fueron denegadas, las dos mujeres se pusieron agresivas, y la tripulación las tiraron al suelo y las esposaron, entre los aplausos de los pasajeros. El piloto aterrizó en Frankfurt, donde las británicas marchosas fueron detenidas.
Las mujeres, de vacaciones en la isla, fueron pagadas, y por eso fueron acusadas de prostitución. Los hombres fueron acusados de animar comportamientos obscenos.
Vaya cruz que llevamos con algunos turistas ingleses. El miércoles pasado, dos individuos ingleses de 18 años, borrachos como curas irlandeses, y vestidos de Batman y Robin,
salieron de una fiesta en San Antonio (Ibiza). Se metieron con un ciudadano español de 30 años, que perdió tres dientes. Los dos superhéroes fueron condenados a pagar una indemnización de cinco mil libras, y a un año de prisión. Un tercer inglés, vestido del Joker, fue declarado inocente.
después de ingerir proporciones industriales de alcohol y drogas. Pero apenas se hizo daño, porque sus músculos estaban tan relajados que amortiguaron el impacto. Dijo Paget, “Les sorprendió que viviera para contarlo, pero yo estaba como una pelota de goma y reboté.”