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Lo insólito. Lo divertido. Lo freaky.

Gavin Rigby, un chav inglés de 34 años, ayer estaba bebiendo cerveza y sidra con sus amigos, también en el paro, y su novia, cerca de un lago de Hampshire (Reino Unido). Después de unas cuantas, decidió quitarse la ropa. Después de unas cuantas más, sentió la necesidad de aliviar su vejiga, y se metió entre unos arboles. Pero se cayó por un terraplén, y al fondo había unos postes de hierro oxidado donde había estado una valla.
El señor Rigby se empaló a través de la entrepierna. (Los freaks nos ponemos a temblar al pensarlo.) Empezó a gritar, pero se quedo empalado durante media hora mientras llegaban los servicios de emergencia–los bomberos, una ambulancia, la policía, y un helicóptero. Dijo su amigo Al Thorne, “Tío, estábamos tomandonos unas latas y fumando un poco, cuando se puso desnudo. Entonces se fue a mear, y de repente estaba allí colgado de un clavo enorme que le había atravesado el musloHostia, tío. Estaba boca abajo, desnudoempalado por un pincho, clavado a través del ingle. Joder.” Los freaks no creemos que Rigby vuelva a hacer aquello durante un largo tiempo.
Rigby fue librado por los bomberos y llevado al hospital. Los freaks esperamos que no pueda reproducirse después de este incidente, por el bien común, y para mantener una calidad mínima en el acervo genético.

Tres periodistas chinas fueron heridos en una conferencia de prensa convocada para anunciar los resultados de una campaña policial contra las armas ilegales en Nanchong (Sichuan). Un agente dejó caer una escopeta de fabricación casera, que disparó, hiriendo a un reportero gravemente

James Thomas Kist (izquierda), de Steelton (Pennsylvania), es un mirón con una curiosidad insaciable. Tiene antecedentes por agresión sexual; lo soltaron del talego hace dos meses. Comenzó a espiar a sus vecinos como siempre, y no lo detuvieron hasta que un agente de paisano lo pilló mirando a hurtadillas por sus propias ventanas. Huyó, pero no fue díficil detenerlo, ya que el genio de Kist llevaba puesto un GPS en el tobillo para que la policía pudiera controlar sus andaduras. Creemos que la historia de este mirón merece un enlace a “867-5309″ de Tommy Tutone, el único gran éxito de la historia sobre un pervertido de este típo. 

 

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