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Según una encuesta del Consejo Patatal británico, casi la mitad de los ingleses con menos de 30 años no saben preparar una patata al horno. Los freaks reconocemos nuestras (muchas) limitaciones intelectuales, pero sabemos cocinar una patata al horno. Enciendes el horno, metes la patata dentro, y la sacas después de media hora o algo así. No te olvides de apagar el horno. Ya está. No nos parece tan difícil, pero si estás borracho siempre, como algunos ingleses que conocemos, suponemos que pierdes unas cuantas neurones.
Y, según un estudio de la Escuela de Higiene de London,
más de 25% de los británicos llevan bacterias fecales en las manos. En Newcastle, mundialmente conocida como el sobaco de Inglaterra, el porcentaje de las personas con esas bacterias encima es de 53%. O sea, incluso si un inglés sabe preparar una patata al horno, lo más probable es que si la comes, pillarás una diarrea que te cagas.



camino al mercado local de su barrio de Londres para hacer la compra. Le robó la bolsa de un tirón, y se puso a correr.
Los ayuntamientos de los municipios de Inglaterra están preocupados. Los habitantes se enfadan por los impuestos que tienen que pagar, pero no se dan cuenta de la cantidad de servicios proporcionados por los gobiernos municipales. Quieren educar a los contribuyentes sobre las competencias de los ayuntamientos, como promocionar el turismo, inspeccionar los restaurantes, recoger la basura, y dar clases de nataciòn. Declaró Sir Simon Milton, “De la arqueología a la zoología, de la cuna a la tumba, los ayuntamientos proporcionan más de 800 servicios para mejorar las vidas de los ciudadanos.” Entonces, han decidido montar una campaña para convencer a los votantes que su papel es determinante en la calidad de sus vidas. Y todos los que han estado en Londres el sábado por la noche a las once, cuando cierran los pubs, estarán de acuerdo. (
Los servicios del metro de Londres (el famoso “Tube”) se suspendieron el sábado por causa de un mega-macrobotellón en el cual participaron varias decenas de miles de londinenses. Estaban aprovechando el último día de libre consumición de alcohol, puesto que el nuevo alcalde de Londres, Boris Johnson, ha introducido una nueva ordenanza municpal prohibiendo el alcohol en el transporte público. “Era como la hora punta pero más díver” dijo un participante. “Tenía las axilas sudadas de la gente en la cara, pero no me importaba porque estaba bebiendo.” Como cualquier buen inglés, sobra decir “…como un loco”. Adiós a la borrachera transportera, pues.