La sangre fría de los ingleses asombra. Un ejemplo: John Stirling, de 59 años, resbaló ayer mientras podaba un árbol con una sierra de cadena y se cortó el brazo. Sin inmutarse, cogió el brazo del suelo y se fue a casa de su vecino, Steve Francis. Tan normal parecía la víctima que el vecino no se dio cuenta de la situación en un primer momento. “Parecía muy relajado, no gritaba ni nada“, dijo Steve.
Steve llamó a la ambulancia y seguía las instrucciones de los médicos mientras llegaba ayuda. Vendó la herida con toallas, la ató un cinturón suyo, y puso el brazo cortado en una bolsa de plástico con unos guisantes congelados. John seguía charlando como si nada: “Estaba sentado, hablándome como si todo fuera normal. Es un hombre valiente, no puedo creer que no se desmayó,” dijo el vecino, que tampoco perdió la calma durante toda la trauma.

El Sr. Stirling se sometíó a una operación para reconectar el brazo cortado que duro 14 horas en un hospital de East Grinstead. Gracias a la sangre fría, y la comida congelada, parece que volverá a tener uso del miembro lastimado.


El señor Rigby se empaló a través de la entrepierna. (Los freaks nos ponemos a temblar al pensarlo.) Empezó a gritar, pero se quedo empalado durante media hora mientras llegaban los servicios de emergencia–los bomberos, una ambulancia, la policía, y un helicóptero. Dijo su amigo Al Thorne, “Tío, estábamos tomandonos unas latas y fumando un poco, cuando se puso desnudo. Entonces se fue a mear, y de repente estaba allí colgado de un clavo enorme que le había atravesado el muslo. Hostia, tío. Estaba boca abajo, desnudo, empalado por un pincho, clavado a través del ingle. Joder.” Los freaks no creemos que Rigby vuelva a hacer aquello durante un largo tiempo.