Ya se acercan las Navidades, celebradas de manera semejante en todo el mundo occidental (árbol de Navidad, Papá Noel, “Jingle Bells,” una comilona con pavo rustido de plato fuerte). Pero Cataluña, la región de España cuya capital es Barcelona, tiene su manera especial de celebrarlas. Cataluña ya es mundialmente famosa por la escatología de sus fiestas de Navidades. No es por nada que Der Spiegel la llama “Scataluña.”
La noche de la Navidad, los niños tienen que romper un tronco vacío (llamado el Caga Tío) lleno de golosinas, mientras cantan, “¡Caga, Tío, caga!” Tradicionalmente, los niños malos recibían “caca y carbón” como regalos navideños; hoy en día, las pastelerías catalanas venden dulces con la forma y el color de, bueno, caca y carbón. Su sabor es bastante mejor que los productos originales.
Pero el personaje más querido por los corresponsales que necesitan un reportaje navideño desde Barcelona es el caganer. El caganer es una figurina de un campesino catalán, llevando el vestuario tradicional, excretando. En el pesebre de Navidad, el centro de la atención es, por supuesto, la Sagrada Familia, Jesús, María, y José; pero el caganer siempre está allí, escondido detrás del establo o de un árbol.

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