Los sasquatches (también llamados Bigfoots, “pies grandes”) han habitado Norteamérica desde los días de las tribus nativas. Los indígenas del Noroeste Pacífico (Washington, Oregon, y el norte de California) tenían leyendas de una criatura enorme, como un simio, que vivía aislado en los bosques de las montañas Cascade. Los bigfoots miden entre dos y tres metros, pesan unos 250 kilos, y están cubiertos de pelo marrón. Sus caras son parecidas a las de los gorilas.
Los proto-antropólogos del siglo XIX anotaron las historias nativas de los hombres peludos salvajes, y el primer reportaje periodístico sobre un sasquatch data de 1884. Pero fue J.W. Burns, un periodista canadiense de los años veinte, que las hizo conocer entre los medios y el gran público. Fue él quien les llamó “sasquatches” por primera vez. En 1924, un tal Fred Beck alegó haber sido atacado por sasquatches.
No fue hasta los años cincuenta cuando se multiplicaron el número de avistamientos de las criaturas. En 1958, un tal Jerry Crew hizo moldes de las huellas hechas por sasquatches y los filmó por primera vez. Fue Crew que los bautizó con el nombre “Bigfoots.” Y en 1967, dos hombres fotografiaron a un bigfoot en el mismo sitio donde Crew los vio. Su grabación (la “cinta Patterson-Gimlin,” derecha) es la mejor de las varias que se han hecho hasta ahora.
En agosto de este año, dos cazadores de Georgia, en la otra costa de EEUU, encontraron el cadáver de un bigfoot, y lo guardaban en un congelador (debajo). Por primera vez había evidencia física de la existencia de los sasquatches, y surgió una polémica sobre su naturaleza: ¿eran hombres salvajes, o una especie de primate no descubierto, o posiblemente alienígenas? Toda la comunidad paracientífica, especialmente la empresa Searching for Bigfoot, Inc., esperaba ansiosamente la prueba final de lo que siempre habían sabido, que los sasquatches están allí.

Tristemente, todo acabó siendo un bulo. El pelo del bigfoot no era real, su cabeza estaba vacía y sus pies eran de goma. Los cientifícos escépticos afirman que la gran mayoría de las observaciones de sasquatches probablemente son osos o bulos, y declaran que nunca se ha encontrado ningún resto, ni incluso las heces, de un bigfoot. Además, para que exista una población de sasquatches suficiente grande para criar, tendrían que existir varios cientos de ellos, como mínimo, y con tantos bigfoots, algunos ya habrían sido arrollados por los coches o acribillados por survivalists.
(The Times, Wikipedia)