Ya hemos comentado el fenómeno del taser - una pistola que dispara dos dardos, conectados mediante alambres a la arma, que da un potente choque eléctrico para paralizar el cuerpo. El uso de esta arma entre los cuerpos de policia de EEUU está muy generalizado, porque ofrece a los agentes la posibilidad de reducir el sospechoso en poco tiempo, sin tener que recurrir a las armas de fuego o el forcejo.
Ahora bien, parece que pasa algo con el uso de esa arma “no-letal”: que los agentes disparan primero y preguntan después. Cada día sucede algún que otro caso del abuso del taser. Un canal en YouTube documenta los abusos, que son dramáticos de ver.
Pero lo más dramático pasó ayer, cuando un agente de la policía de Nueva York disparó a Inman Morales, de 35 años, cuando éste se balanceaba al borde de una persiana metálica a una altura de 3 metros. Paralizado, Morales se cayó, y aunque la altura era poca, la parálisis hizo que impactara directamente sobre el cráneo. Murió poco después en el hospital por una trauma craneoencefálica.
Morales se había intentado suicidar unas horas antes, tras dejar de tomar la medicación recetada en su tratamiento psiquiátrico y, en un evidente estado de peturbación, salió desnudo a la escalera de incendios. Cuando bajó a la estructura de la persiana y cogió un tubo fluorescente que manejaba a manera de espada, se acabó la paciencia de la policía. Sin esperar al colchón hinchable que había pedido, el encargado de los agentes dio la orden de disparar el taser.
El oficial que dio la orden ya ha sido suspendido y el agente que efectuó el tiro ha sido transferido a responsabilidades administrativas.








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